ADOPCIÓN DE PERROS (2ª parte)


Adopción.

A la hora de pensar en adquirir un perro, una de las mejores opciones si no la mejor, es sin duda alguna la adopción en lugar de la compra. Los cachorros que están a la venta en tiendas de animales o que son vendidos directamente por criadores esconden una realidad tristemente conocida. Las madres son obligadas a parir durante años, sufren enfermedades y confinamiento, y son desechadas cuando dejan de ser útiles para la cría. Con cada cachorro que compramos estamos alimentando este negocio inmoral, que esconde un infierno de sufrimiento para los animales. Tampoco es muy buena idea acudir a personas que se dedican a la compra-venta de cachorros con la única estrategia de vender muy barato a base de comprar más barato aún, sin controlar las condiciones en que llega el cachorro a manos del comprador. Este tipo de actividad se puede identificar muy fácilmente porque suelen detallar una lista de razas demasiado numerosa con precios muy baratos y no suelen facilitar dirección postal y el teléfono que figura frecuentemente corresponde a un móvil. Ni tampoco recomendamos la adquisición por regalo: que un animal sea entregado de forma gratuita a una persona que realmente no busca su adquisición en muchos casos esa donación o regalo termina en un abandono cuando el adquiriente se enfrenta al conjunto de responsabilidades y obligaciones que conlleva su tenencia. Es fundamental, por tanto, antes de regalar un perrito, asegurarse de que la persona a la que va destinado lo desea realmente, que posee espacio en su casa y que este dispuesta a asumir las responsabilidades que ello conlleva. En caso contrario, es mejor optar por cualquier otro regalo, especialmente en Navidades, donde uno de cada tres perros regalados en estas fechas es abandonado el siguiente verano.

Antes de final y verdaderamente convencernos de que la decisión de adoptar un animal con el que vamos a compartir entre 10 y 15 años, y no de que su adquisición resulte de un impulso irreflexivo que surja como consecuencia de ver a un animal especialmente bonito y vulnerable, debemos tener claro por qué y donde adoptarlo. El por qué depende de cada uno de nosotros pero está claro que la adopción es la mejor manera de paliar alguno de los efectos que causa el gran número de abandonos. Las posibilidades de adopción son varias. Siempre surgen ocasiones en que un amigo o familiar ya no desean conservar un animal doméstico y nos lo ofrecen. En esta situación podemos conocer perfectamente el estado e historial del animal. Sí es importante no olvidarse de cambiar la identificación del animal para modificar el nombre del propietario, la ficha veterinaria y el censo en el registro municipal correspondiente. También puede ocurrir que nos lo encontremos en alguna carretera o ciudad circulando solos. En este caso debemos averiguar si se encuentra perdido o abandonado para lo cual lo más recomendable es recogerlo y acudir a un veterinario o a una protectora tanto si pensamos quedárnoslo como si no. en estos lugares pueden esclarecer su situación física y comprobar si v cuenta con identificación. También es posible acoger a un perro en desfiles de perros en adopción y en campañas de concienciación en el respeto a los animales. Y por último, acudir a una perrera o a una protectora nos da opción de elegir entre los animales que se encuentran allí recluidos. Como dice el educador canino Benigno Paz, “los albergues están llenos de excelentes perros a los que deberíamos darles una segunda oportunidad, aunque deberíamos mas bien decir que están llenos de perros que estarían dispuestos y encantados de darnos, a nosotros los humanos, una segunda oportunidad, una segunda oportunidad para hacerlo bien y no fallarles”. En la protectora deberán entregarnos el animal debidamente desparasitado y vacunado.

Nuestro objetivo será una adopción responsable e informada, no una adopción a la ligera, para conseguir darles una casa posiblemente definitiva. Para ello, antes de nada, resulta imprescindible conocer y valorar las ventajas y los inconvenientes de adoptar un perro.

Son incontables los beneficios que aporta un perro. Su presencia supone un gran apoyo emocional y resultan de mucha ayuda en la cohesión familiar. Nos dan compañía, son agradecidos, divertidos, cariñosos, juguetones, fieles, y leales. Influyen muy positivamente en nuestro estado emocional, sobre todo en el caso de las personas que viven solas. Su presencia disminuye la ansiedad y el estrés, y amortiguan las tensiones emocionales. Desarrollan la capacidad de comprender la comunicación no verbal, fomentando así la interpretación de las necesidades de los demás y el compañerismo.

Para los niños es el compañero ideal, un amigo con el que compartir juegos y secretos. El tandem niño.perro es uno de los vínculos más hermosos que existen y que se fortalecen con el tiempo. Los beneficios son muchos, no solo a nivel inmunológico y emocional, sino también a nivel de salud mental. Ayuda al desarrollo psicológico del niño y mejora sus habilidades, relaciones sociales y su sentido de la responsabilidad y madurez. Y son además un excelente factor pedagógico porque su convivencia favorece el desarrollo de comportamientos solidarios con los animales y la naturaleza en general.

Para los mayores pueden ser una excusa para hacer ejercicio, para desconectar, para relajarse o para distraerse de las preocupaciones.

Y para los ancianos o las personas que pasan mucho tiempo en casa son una compañía ideal y motivadora. Son buenos para su salud y favorecen la recuperación de los enfermos mejorando la calidad de vida de los crónicos. Acariciar, tocar, o besar a un perro aporta bienestar tanto físico como psicológico (acariciar a un perro ha sido asociado con bajadas de tensión en personas hipertensas).

En cuanto a los inconvenientes de tener un perro hay que tener muy en cuenta la responsabilidad que supone tenerlo en relación a que necesitan tiempo de atención, cuidados, el coste económico en alimentación, atención veterinaria básica (vacunaciones, desparasitaciones, revisión anual) y en residencias canina, sobre todo si el perro es un cachorro (el elevado y excesivo coste veterinario sin seguridad social protectora de ningún tipo es también una causa de abandono). En este sentido adoptar de una protectora a un perro adulto puede tener sus ventajas ya que ya habremos superado las etapas más críticas de salud y de comportamiento, requieren un periodo más corto para adaptarse a su nuevo entorno y sus niveles de demanda son mucho menores que las de un cachorro. Además estaríamos salvándole la vida, cosa que de otra forma lo tendría muy difícil para salir adelante.

Laino perrera Etxauri

Una vez que hemos decidido adoptar en una protectora es interesante, antes de comprometernos, visitar la protectora, seleccionar el perro, obtener de él toda la información que esté disponible, como el historial clínico, el tiempo que lleva en el albergue, etc. Observaremos su comportamiento en la perrera con los voluntarios y las visitas, y nos interesaremos por los antecedentes, razones por las que lo abandonaron sus dueños anteriores (en caso de que este disponible esta información).

Cuando un perro es adoptado de una perrera o de una protectora seguramente no conocemos cómo fue su vida anterior, pero lo que sí sabemos es que seguramente tenga un nivel de estrés altísimo, derivado de su estado de shock por el abandono, el periodo de estancia sumamente estresante de la perrera, y el trauma por el cambio de domicilio, todo esto sin contar con que tal vez en su vida anterior sufrió maltrato o una vida muy poco afortunada. Por eso vamos a ver:

Una pequeña guía para facilitar el proceso de adaptación.

 

  • Sería interesante primero organizarnos para podernos llevar al perro a casa posiblemente el fin de semana o mejor durante un puente largo, aunque lo más interesante sería hacerlo al inicio de un periodo de vacaciones (en el hogar claro, para evitarle más cambios). Se trata de no dejarlo solo durante largos periodos al principio.

 

  • Si traemos algún objeto con el olor de su “antiguo hogar” (albergue) le resultará mucho más fácil la adaptación.

 

  • Enseñarle el lugar donde dormirá, su sitio propio, pero no obligarle a ir o a permanecer en él. Es útil utilizar una colchoneta o cama especial para perros una vez que el perro la identifique. Debe estar en un área segura, un sitio confortable, tranquilo, sin corrientes ni humedades, donde dormir sin que le molesten.

 

  • Ser comprensivos durante unos días con problemas que podrían surgir como los de conducta higiénica desordenada y de conductas indeseadas. La capacidad de un perro para adaptarse es enorme y tras un tiempo prudencial y necesario todo se normaliza (el estrés del perro y el nerviosismo de los dueños) pero habrá que ser pacientes ante problemas que seguro surgirán, como ladridos, aullidos, conducta destructiva, carácter temeroso y distante, ensuciar la casa con sus necesidades, marcar con orina, etc. si esto nos provoca tensiones, broncas, ajetreo y nerviosismo también en el perro se producirán. Es necesario prever esto y reflexionar para no perder los nervios. Eso sí, deberemos mantener todos los objetos peligrosos o de valor lejos de sus alcance (productos de limpieza, como amoniacos y lejías, medicamentos, etc.).

 

  • Bajar el nivel de exigencia, dejándole tranquilo, sin molestarle ni pedirle nada, dejando que investigue. En un primer momento le mantendremos con correa y le permitiremos olisquear en todas las habitaciones, de este modo le evitaremos que se disparen sus niveles de excitabilidad ante tantas novedades. Luego, una vez que veamos que se ha tranquilizado, lo dejaremos suelto y restringiremos el acceso a aquellos lugares de la casa que no deseemos que entre si es el caso. En estos primeros momentos no es bueno que le avasallemos y arrinconemos, eso solo hace que se sienta amenazado e incrementaría su estrés y ansiedad. Prestaremos especial atención con los niños, no se trata de estar todo el día encima del recién llegado. Si tenemos otros perros en casa, le bajaremos a la calle para presentarlos en un área neutral. Si hay gatos u otros animales, no forzaremos el encuentro, será más conveniente darles tiempo para que se conozcan.

 

  • Le ofreceremos de manera gradual atención, cariño y estimulación mental. No es una buena opción los largos paseos ni el ejercicio intenso durante un tiempo. El perro necesita superar el estrés pasado y el de la adaptación al nuevo hogar. Hasta que no desaparezca el estrés no desarrollará todo su potencial de aprendizaje así que será mejor posponer cualquier sesión formal de adiestramiento. No tendremos prisa y comenzaremos dándole ese tiempo para que se asiente a su nuevo entorno con el objetivo de que esté más relajado, confiado y sin estrés. En estos primeros días (semanas) es contraproducente querer hacer demasiado y demasiado pronto, pues serían muchos estímulos nuevos y novedades para los que puede no estar todavía preparado.

 

  • Mucha compañía. Dedicar tiempo al perro, tanto en cuidados como en el número de horas invertidas. Resulta primordial que establezca un fuerte vínculo con la familia. Esto le resultará mucho más fácil a nuestro perro si es una persona de la familia la que inicialmente asume el protagonismo y la responsabilidad de las atenciones al perro (comidas, cepillado, salidas para hacer las necesidades, paseos con correa en las proximidades del domicilio). Luego una vez que el perro se ha asentado y está relajado podrán intervenir todos los miembros de la familia.

 

  • Establecer rutinas estables, paseos relajados, y trabajo de olisqueo, para rebajar el estrés. Los perros son animales de costumbres y que en su forma de vida, costumbres y hábitos, son bastante rutinarios. Deben acomodarse a circunstancias nuevas: cambio de persona, cambio de rutinas, y cambio de entornos. Debe conocer las rutinas de la familia y acoplarse a ellas para olvidar posibles experiencias negativas pasadas y para volver a confiar en los humanos. Mantendremos los horarios invariables tanto de salidas como de comidas. Realizar salidas regulares cada dos o tres horas durante el día permitiéndole suficientes oportunidades para que pueda salir a hacer sus necesidades. La correa será imprescindible en todas nuestras salidas. No lo soltaremos en espacios abiertos hasta que no tengamos la certeza de que nos reconoce y tiene asimilada una respuesta básica a la llamada, porque podría alejarse demasiado siguiendo a otros perros o a algún olor y podría llegar a perderse en ese entorno todavía desconocido para él. Por ese mismo motivo, conviene asegurarnos las primeras semanas de cerrar bien puertas y ventanas de la casa. Siempre tendrá agua fresca disponible a su alcance, al igual que su ración de comida (dos o tres veces al día) en el horario que establezcamos. Es interesante poder contar con la colaboración del propietario de algún perro conocido del nuestro pues con su compañía será más fácil introducirse entre los perros del nuevo vecindario.

 

  • Equilibrio entre cuando estamos con él y cuando le dejamos solo, para no crear una diferencia muy grande que le desestabilice emocionalmente. Si cuando estamos con él recibe muchas atenciones y todo está lleno de sonidos como utensilios de cocina o la televisión y cuando le dejamos solo únicamente recibe soledad y silencio, a lo mejor si le prestamos menos atención cuando estamos con él y le dejamos distracciones o la televisión puesta, a lo mejor la diferencia entre ambas situaciones se reduce y no parece tan abismal. Mordisquear y olisquear serán las mejores actividades para lograr que alivie su estrés y centre su atención en sus juguetes. Las primeras noches es posible que nuestro perro se muestre más inseguro. Podemos dejar la puerta de nuestra habitación abierta por si necesitase asegurarse de que no nos hemos marchado, pero no le tocaremos ni le diremos nada. También podemos permitirle dormir cerca de nuestra cama ya que somos lo único que él conoce en el nuevo y hostil entorno que le rodea. El aprendizaje para quedarse solo ha de ser gradual para lograr que lo acepte sin traumas. Su estado de estrés, por encontrarse en lugar nuevo, puede dispararse si además se siente solo y/o aislado. Tampoco tenemos que estar siempre encima siguiéndolo a todas partes.

 

  • En la primera semana llevaremos a nuestro perro al veterinario para realizar una presentación y abrir una ficha. En sucesivas visitas ya realizaremos un chequeo más exhaustivo, las desparasitaciones y las vacunaciones en caso de ser necesarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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