BASAJAUN, PUERTAS ABIERTAS: Nuestro trabajo con los perros.


 

Muchas veces los cuidadores de las residencias caninas tenemos la sensación de que nuestros clientes dejan a sus animales y después vuelven a recogerlos sin apenas saber nada o poco de cómo han sido sus estancias en el centro, y eso a pesar de habérseles explicado previamente todas las actuaciones y de enviárseles continua información a través de las redes. Es por ello que este artículo nace de la necesidad de dar a conocer mejor nuestro trabajo, el de los cuidadores caninos en estos centros, una hermosa y noble profesión que realiza un trabajo silencioso tan abnegado, desapercibido, enriquecedor, exigente y  sacrificado, como también muchas veces incomprendido.

Intuimos que existen tantas residencias o guarderías caninas como formas diferentes de trabajar con los perros. No es nuestra intención aquí menoscabar, ni menospreciar, ni enjuiciar, ni comparar otras formas de trabajo y otras actuaciones diferentes a las nuestras ya que cada residencia parece ser todo un mundo en el que se aglutinan distintas influencias, experiencias, formaciones, vivencias, etc., sino dar un marco de visibilidad y perspectiva a través de un ejemplo de modelo asistencial que es el que mejor conocemos  y del que nos sentimos orgullosos y nos gusta presumir, el de nuestra propia residencia canina con una trayectoria a día de hoy de una década y con más de 2800 perros registrados en su libro y esto no para, y lo pretendemos hacer a continuación desde un ejercicio de verdadera autenticidad, sinceridad, y honestidad en la forma de este artículo,logotipo basajaun Basajaun, puertas abiertas: nuestro trabajo con los perros, el regalo más bonito para nuestro décimo aniversario que os hacemos este año, hacer visible lo invisible, mostrando lo que no se ve. Es nuestra pequeña contribución, nuestro legado. Comencemos.

En nuestra residencia los rasgos identitarios básicos de nuestro trabajo son fundamentalmente tres:

  • Protocolos de adaptación y rutinas.
  • Manejo de los perros.
  • Paseos en grupo.

 

Protocolos de adaptación y rutinas.

La diferencia entre dejar a un perro abandonado en cualquier lugar y dejarlo en una residencia canina es el protocolo de adaptación. Tener un buen protocolo de adaptación es fundamental en toda residencia canina para el buen comienzo y devenir de una estancia sea esta corta o prolongada. Este protocolo comienza antes incluso de la llegada del perro, cuando se informa a los responsables de lo que tienen que traer: la cartilla veterinaria en regla con todas las vacunaciones al día, que esté desparasitado interna y externamente para evitar posibles contagios, y una última cosa sumamente importante: su cama, y/o manta, y/o jersey, y/o juguetes, y/o zapatos, en definitiva cualquier cosa que relacione su olor con su casa y con su vida, no importa que esté sucio, porque esto supondrá una primera vía de partida en su proceso adaptativo, su único lugar de anclaje seguro con su mundo anterior. Después arranca el trabajo real con la llegada del perro a la resi el primer día. Lo primero que les decimos a los responsables nada más traspasar el umbral de la puerta es que suelten al perro, que lo liberen de su correa (siempre que ello sea posible, ya que habrá excepciones relacionadas con cuestiones como que la correa sea un factor segurizante o en casos de muy reciente adopción en los que no haya habido tiempo para el vínculo, o de que sea peligroso para la integridad del personal, etc.). Pero lo normal si no hay ningún problema es esto, lo cual a veces choca a los clientes que preguntan suspicaces si tenemos algún perro por ahí suelto. Nunca hay ningún perro suelto en estos momentos porque interferiría en el proceso. La idea de dejar suelto al perro a su aire es permitirle la exploración libre no sujeta a intervenciones del que lo porta, así como la de observar su primer comportamiento. Nunca lo intentamos tocar ni acercarnos a él, simplemente lo ignoramos y nos centramos en los humanos. Esto también puede resultar desconcertante para los responsables en cuanto llegan a pensar lo poco cariñosos que hemos empezado, pero creednos que forma parte de la actuación, puesto que es muy importante que el perro no nos vea a las primeras de cambio  como algo amenazante, caprichoso e incontrolable en ese entorno tan nuevo y sobreestimulante en el que acaba de entrar. Aunque naturalmente de nuevo habrá excepciones que serán cuando el perro te lo pide o se acerca a ti, pero aún en esos casos extremamos las precauciones puesto que un simple movimiento brusco como agacharnos sobre el perro y levantarnos rápido, o un mero traspiés puede ser un mal comienzo. Foto Basajaun con 2 perrosEs muy importante el hecho de conocer personalmente a los responsables para una más saludable vinculación, bien sea en un servicio de recogida a domicilio o bien in situ en la residencia. Luego no metemos directamente al perro en el chenil, sino que le dejamos que merodee y curiosee a nuestro alrededor durante los minutos que dure el rellenado del formulario de preguntas que hacemos a sus ‘papás’. La idea es que el perro nos vea y nos oiga hablando con ellos, cosa que luego redundará en el cambio de la figura de apego. Pasado este tiempo no cogemos al perro y lo metemos en la jaula sino que pedimos a los clientes que le acompañen hasta el interior mientras intentamos darles explicaciones sobre las actuaciones y tratamos de acoger y mitigar así los ambivalentes sentimientos de miedo y preocupación a los que se enfrentan por dejar a su querido amigo allí como si de un abandono se tratara. Y lo hacemos sobre todo sin obligar al perro a que se meta sino a que nos siga libremente cerrando tranquilamente espacios tras él. Los casos van desde los perros que entran curiosos hasta los  de que el perro no quiere entrar. En estos últimos casos sí pedimos al cliente su intervención con la correa pero eso sí, insistiendo que sea sin tirones sino llevándole aunque tardemos lo que tardemos. Estos momentos resultan críticos. Si hasta ahora fuera el perro se mostraba explorador y curioso al entrar dentro del edificio del hotel normalmente observamos un cambio de actitud a receloso y empezamos a observar los primeros síntomas corporales de estrés y ansiedad. Los clientes se encuentran siempre un chenil limpio y desinfectado con productos que no llevan lejía, y son ellos mismos los que inducen al perro a meterse en los 4 m2 de su chenil interior colocándole la madera separadora del suelo, sus camas, mantas y juguetes. Que haya caseta o no dentro es opción del cliente y dependiente de las costumbres del perro. Esta estancia interior comunica con una estancia exterior de otros tantos 4m2 a través de una pequeña puertecita que no se abrirá hasta que no se hayan ido los responsables ya que si el perro ve desde lejos por donde se han ido luego no querrá pasear y se quedará probablemente esperando en la puerta de la cancilla. Desde la parte exterior del chenil se observa todo el entorno, hasta los perros que hay a los lados, pero desde la parte interior no se ven para reducir el estrés. Los cheniles son individuales, cerrados por fuera contra las inclemencias del tiempo pero abiertos por dentro para evitar claustrofobias a excepción de las jaulas de seguridad  que son iguales pero cerradas por alto. Los responsables permanecen un tiempo junto al perro y con el cuidador haciéndole de alguna manera partícipe de que se quedará allí, pero no permanecerán mucho tiempo ya que si lo hacen cabe la posibilidad de que el perro no quiera salir de su txoko después como nos ha pasado. Insistimos en que la despedida no sea muy traumática (el perro huele literalmente lo que sentimos y si nuestras emociones están muy alteradas él lo notará), así que recomendamos que se haga con normalidad, lo más natural posible, como cuando nos vamos de casa y le dejamos solo. Después acompañamos a los clientes a la salida dejando al perro solo en su nuevo espacio para que se vaya haciendo. Son los peores 5 minutos para él, donde ve cómo sus padres desaparecen y se van sin él, pero es necesario. Empatizar con lo que siente el perro y estar al tanto de sus necesidades deben ser unas de las principales funciones del cuidador canino.

Inmediatamente después de despedir a los clientes volvemos directamente donde el perro y entramos en su chenil. Él nos ha visto con sus padres pero no sabe cómo somos ni nuestras intenciones. Por eso cuando entramos no le intentamos tocar para tranquilizarle, hablamos con voz suave y cariñosa diciendo su nombre en todo caso y nos movemos con cuidado y precaución pero con naturalidad. El objetivo es empezar a abrirle espacios. Le abrimos la puerta que conecta con el chenil exterior para que entre y salga y salimos otra vez dejándole de nuevo solo y desapareciendo de su vista unos diez minutos, momento que aprovechamos para agilizar el papeleo y limpiarle el bebedero y el comedero, seguido de lo cual volvemos a aparecer ante él para  volviendo a entrar en su chenil ponerle el bebedero y echarle agua que saciará la sed que le ha provocado el estrés. El objetivo es ir abriendo espacios, que se vaya haciendo a ellos al tiempo que aparecemos y desaparecemos en breves espacios de tiempo y siempre asociando nuestra aparición y presencia a cosas buenas y positivas y no amenazantes, como salir de ese espacio cerrado y beber agua.

Tan importantes como estas actuaciones en el espacio son las actuaciones en el tiempo. Recomendamos traer a los perros primerizos entre las 10 y las 11 horas de la mañana aproximadamente y no más pronto o mucho más tarde y la razón de ello estriba en la influencia de tal cuestión en el proceso de adaptación: venir antes supondría que los perros alojados todavía no hubiesen podido salir su primera salida de la mañana si el hotel está muy completo y el nerviosismo se palparía en el ambiente aparte de que les haríamos contenerse aún más, y venir un poco más tarde supondría que los perros ya hubiesen salido los paseos y se hubiera perdido las presentaciones espontáneas además de que puede coincidir con las comidas e influir en la adaptación general. Venir a última hora del día es lo peor que se puede hacer porque el perro tiene que tener un primer recorrido muy completo en la resi en el que se alternan periodos de actividad y de reposo. Si se accede tarde el perro quizás solo salga una o dos veces al exterior, con poca luz, sin saber dónde está ni cómo orientarse. Puede que se duerma sí a la noche pero si se despierta la probabilidad de ser una experiencia traumática aumenta en comparación a que si ha dormitado la siesta en el periodo de descanso despertándose todavía con luz. Traerlos hacia las 10 o las 11h supone que los perros van a ir a presentarse y la aceptación en el grupo en su conjunto va a ser mayor. Después por tanto continuamos con nuestra rutina de paseos dejando su primera salida para el último paseo, cosa que permita las presentaciones haciéndole aparecer como el recién llegado en vez de ese intruso que entorpece lo que esperaba tocar hacer.

La clave más importante del proceso de adaptación viene ahora. Se trata de la vinculación. La vinculación es un ejercicio muy simple pero a la vez muy complejo. Es tan simple como volver a entrar en la jaula del perro con una correa, colocársela, y salir a dar con él un paseo. Sin embargo también es complejo porque aquí hay muchos matices, comenzando con la propia correa. La correa que utilizamos para hacer la vinculación no es una correa cualquiera. La correa de vinculación, como así la llamamos, es una correa que no tiene que ser mi demasiado corta ni demasiado larga. Si fuese demasiado corta superaría la distancia crítica a la que un perro se puede empezar a sentir amenazado por un desconocido, y si fuese demasiado larga superaría a su vez la distancia a la que el perro puede valorarnos y analizarnos cómo somos y cómo actuamos. Una correa que abarque la longitud de los abrazos abiertos extendidos en cruz es la que recomendamos. Lo demás da un poco lo mismo, de un material resistente, un fuerte mosquetón para evitar que se salga, y de empuñadura única para un buen agarre.

El proceso de la vinculación comienza con la colocación de la correa, y aquí hay millones de posibilidades. Primero están las excepciones, los perros “que te dicen” a simple vista que no necesitan la correa para vincularse porque te piden contacto directo, es el ejemplo de los cachorros. En el otro extremo de las excepciones están los perros que no están acostumbrados a andar con correa y en estos casos este tipo de actuación no conseguiría más que entorpecer la vinculación. Pero lo más normal es que haya que colocar la correa probando cómo actúa el perro en tu presencia. Lo habitual es que baste con acercarnos, agacharnos, y con movimientos tranquilos engancharle el mosquetón. Ellos lo que quieren es salir a ver qué pasa con sus padres así que solo el ver la correa ayuda a ese propósito. Pero a veces aparece el miedo y aquí lo importante es intentar evitar todo lo posible el marcaje o el mordisco por dos razones, una evidentemente porque nos haría daño pero más importante aún es evitar que ello le sirva de autorrefuerzo que podría volver a repetirse. Así que estamos atentos a sus señales que seguramente nos las hace y nos armamos de paciencia hasta que nos ganamos algo su confianza. Entonces le ponemos la correa. También hay que decir que hay casos en los que no se puede, por la razón que sea, por falta de socialización con humanos, excesivo miedo, etc. En estos casos desistimos y la vinculación lleva días. El objetivo de la correa es pasear con el perro para lograr dos cosas al mismo tiempo, su vinculación con nosotros y el reconocimiento del terreno y el lugar por donde después paseará libre con nosotros y posiblemente otros perros, es decir, le ayuda a ubicarse. En nuestro centro canino hay dos salidas posibles del perro al exterior, desde su chenil de fuera al aire libre y desde el chenil interior a travesando el pasillo hasta una puerta. Es importante que la primera salida al exterior sea por el pasillo porque fue por ahí por donde llegó con sus padres y ello le ayudará a reubicarse.

Una vez fuera en el exterior comienza nuestro trabajo. Lo primero que hace es buscar a sus padres tirando de la correa. Le dejamos, nos dejamos llevar, que fluya. Buscan a sus padres, pero… también está la hierba, con sus olores, nuestra aliada. Lo que viene a continuación nos supone algo muy difícil de explicar con palabras pero lo intentaremos. Tiene que ver con la comunicación silenciosa entre el perro y el cuidador a través del espacio de la correa y usando solo el lenguaje no verbal y posicional de nuestros cuerpos. El punto de inicio comienza donde se encuentran los dos bebederos de agua exteriores convenientemente distanciados entre sí. Casi sin esfuerzo, sin darnos cuenta, con nuestro cuerpo guiamos al perro hasta el camino (nuestra residencia se asienta en el centro de un terreno enyerbado  de unos 14000 m2, algo así como un campo y medio de rugby y en él hay caminos o senderos hechos naturalmente con solo pasear. Están el paseo largo, el paseo corto, y algunos otros hechos por los propios perros listos con la intención de atajar, como el camino de Ori). El camino es una ayuda porque en él se concentran olores. Unido a nosotros a través de la correa de vinculación, dos fuerzas parecen empezar a medirse en el interior del perro, por un lado el sutil análisis del desconocido que le sigue a metro y poco, y por otro la hierba y el aire libre fuera ya del encerramiento en el recinto.

Aquí empieza el juego de la vinculación. Debemos estar atentos al perro y prestar atención. Mientras avanzamos por el camino evitamos los tirones de correa, nos dejamos llevar. En momentos se detendrá, bien a oler algo por interés o bien por señal de calma, levantará la cabeza para reubicarse respecto al lugar donde le ha dejado su padre y no perderlo de vista, y deberemos ahí estar atentos a detenernos con él. Esto es como un signo de respeto, de distancia. Sería imprudente todavía aquí seguir avanzando y sobrepasarle. El perro se percata pronto de ello y observamos que lo repite observándonos de soslayo como si lo comprobara y probara que no ha sido por casualidad. Se detiene a orinar y nos detenemos también, con la correa siempre que sea posible lánguida, como flotando, como si la agarráramos con solo dos dedos de las manos. Es importante también no hablar, ser perro, los perros cuando se están conociendo no hablan. La voz puede ser un elemento distorsionante del vínculo porque no sabemos cómo la utilizan sus dueños, puede que para corregir o castigar, y puede ser atemorizante y amenazadora.

No cagará hasta empezar a estar un poco más seguro, y cuando lo haga si lo hace le daremos con nuestro cuerpo una señal de calma como darle un lado o costado o incluso mejor la espalda. Si nos mira ladeamos la cabeza. Este paso es importante. Enseguida cuando termina observaremos que camina alegre al trote, levanta la cola, y sobre todo deberemos estar atentos a si se sacude el cuerpo liberando así el estrés de nuestra presencia. Ello significará que vamos por el buen camino. Entonces ya podemos, en otras oportunidades mientras se detiene, ponernos delante y cuando emprenda el camino hacer la ola, es decir, estar atentos en continuar nosotros en la misma dirección y sentido como si nos empujara en una onda. Posteriormente, sin querer caminamos en paralelo con él estando atentos en sortear los obstáculos manteniendo la distancia como si los dos fuéramos un sólido rígido o dos ruedas unidas por un eje. Él lo entenderá, entenderá que comprendemos y conocemos su lenguaje. Y luego llegará un momento en que se arriesgará, como si quisiera demostrar sus indicios de la imagen que está construyendo de nosotros. Y se detendrá, pero de una manera sutilmente diferente a las otras, como obviando nuestra presencia y una vez más deberemos estar atentos y observadores porque en ese momento no nos detendremos sino que seguiremos caminando con naturalidad como hasta ahora y le sobrepasaremos sin mostrar ningún atisbo de interés por él e incluso describiendo en torno suyo ligeras curvas para mantener la distancia. Demostrado. “Puedo confiar en él”. A partir de ahí todo fluye y la sintonía es completa sin mediar ninguna palabra. Pero ahora toca arriesgar nosotros. Porque la vinculación no sería completa si no escuchara nuestra voz. En un momento del camino de hierba este de trunca (es atravesado por la  ligera cuesta bordeada con piedras de colores por donde suben los coches) y sentimos que por un momento se encuentra perdido sin saber cómo seguir, como fuera de lugar, y nos mira, busca nuestra ayuda. En ese momento usamos por primera vez la voz y le decimos “hemendik” o “por aquí”, y le reconducimos al camino que continúa por el otro lado (al mismo tiempo que evitamos la puerta del vallado por donde ha entrado). Vemos cómo recupera su compostura y vuelve a caminar alegre e interesado. Es el paseo largo un paseo circular que retorna al punto de partida, un recorrido sinuoso que regresa sobre sí mismo, donde los bebederos exteriores. Se los enseñamos, tocando el agua con los dedos si hace falta, y es posible que beba, y entonces nos echaremos un poco hacia atrás. A continuación solo queda una cosa, la confirmación de la vinculación. Para ello, en el entorno del bebedero, nos agachamos de cuclillas (señal de calma, e incluso de llamada) y observaremos quietos qué hace. Está tranquilo, confía más. Si el vínculo se ha logrado observaremos que la correa no está tensa e incluso que se acerca más a nosotros mirando en otra dirección. Propiciamos entonces el contacto físico enseñándole la palma de la mano o hablándole con suavidad diciendo su nombre. Si se acerca y le podemos acariciar, ya está, vínculo conseguido. Lo devolvemos otra vez a su txoko de seguridad donde le han dejado sus padres y están sus cosas. La siguiente vez que tenga que salir ya podrá hacerlo suelto y lo hará ya casi siempre por fuera porque ya conoce el lugar. Y será como si nos conociera de toda la vida. No harán falta órdenes ni autoridad para que se vuelva a meter en su sitio sino solo un simple gesto con la mano. La vinculación del cuidador con el perro es fundamental en este trabajo. No es necesario el sometimiento para hacer que el perro haga lo que queremos y no haga lo que no queremos, a través de la vinculación llegarán por sí solos los límites, a través del apego contenemos al perro en un entorno de seguridad, confianza, y respeto mutuo.

El caso referido es el caso más normal, pero hay “millones” de otras situaciones que se pueden dar,  ya que cada perro es un mundo. Porque puede darse el caso de que no haya habido vinculación, porque tiraba todo el tiempo de la correa hacia adelante bien por miedo, estrés, ansiedad, inseguridad, falta de socialización, confusión o por cualquier otro motivo. Lo percibimos al final del paseo cuando nos ponemos en cuclillas o sentados, que no se acerca o que nos evita. En esos casos vamos más despacio, no nos precipitamos a soltarle la próxima vez porque entonces no nos podremos acercar, no le podremos pedir que se vuelva a meter y trastocaría toda la rutina del resto de perros. Aquí se impone el continuar con los paseos con correa, ofreciéndole la misma confianza, hasta que al notar un cambio o simplemente una rutina en su día a día en su comportamiento, procedamos a dar un pasito más, alargándole la correa o con una correa más larga o con dos más cortas unidas. Seguiremos así hasta que llegado el momento le soltemos con la correa hiperlarga atada. Esta es una transición entre la correa larga y el suelto en el que se siente suelto pero al mismo tiempo podremos cogerle la correa al caminar en una dirección que no sea directa hacia él. Posteriormente si todo transcurre bien iremos acortando sucesivamente la correa hasta el último paso que es soltarle sin ninguna correa.

Las maneras en que conseguimos que regresen a su chenil son muchas y variadas y a veces resultantes de la creatividad del cuidador. Lo normal es un simple gesto con la mano o la llamada por su nombre o introducir nuestro cuerpo con él. A veces no quieren meterse aunque estén vinculados y entonces empiezan las pruebas que van desde el entrar por la puerta del hotel, a agacharnos y que venga y se deje llevar o a usar premios (cosa que usamos como último recurso) o a cogerle con la correa, entrar en casa, o introducirle en el corralito de juegos donde es más fácil cogerle con la correa. Muchas formas pero con una sola idea: sin imposiciones, sin gritos, sin castigos, sin enfados, y con mucha, repito, mucha paciencia.

Y por último cabe aquí recordar que el vínculo es mucho más que el mero proceso de vinculación.

Rutinas.

Equipo actual basajaunEn nuestra residencia canina las rutinas diarias cobran un valor especial e importantísimo en la adaptación, tanto que incluso puede resultar un algo tedioso y un tanto aburrido, sobre todo para los cuidadores caninos nuevos que vienen a trabajar con nosotros con sus expectativas de diversión en el trabajo con animales. Pero si para nosotros puede parecer aburrido para los perros resulta necesario porque una rutina de actuaciones que se repiten un día sí y otro también es un factor que permite al perro poder predecir lo que va a pasar y lo que espera en ese momento de nosotros, y eso le da seguridad y confianza.

Nuestras rutinas siguen siempre este mismo orden aproximado:

1º A la mañana temprano salidas matutinas individuales para necesidades fisiológicas prioritarias con higiene interior y apertura de espacios. Tenemos un orden de preferencia: primero salen los “cagones”, luego los enfermos, los ancianos, los triples, los dobles, los demás, y por último los esquivos.

2º  Reposición de agua, desayunos, y tratamientos veterinarios.

3º Higiene exterior.

4º Paseos largos en grupo.

5º Últimos pipis individuales.

6º Comidas.

7º Descanso y reposo.

8º Paseos largos en grupo.

9º Últimos pipis individuales.

10º Cerrar espacios y mimos con chequeos rutinarios (los mimos en cualquier momento solo que los pongo aquí)(para los chequeos clínicos ver artículo *Revisión en casa: algunas consideraciones sobre salud canina* en este mismo blog). Palabras clave para la espera de la cena (ejemplo: ¡Adaptación-pasapalabra!).

11º Cenas.

12º Últimas palabras y descanso. (ejemplo últimas palabras: Bueno, ahora escuchadme bien, voy a apagar la luz, pero aunque la luz esté apagada, vosotros sabed que nosotros estamos aquí con vosotros, así que estad tranquilos y relajados. Mañanita será otro día diferente y jugaremos y nos lo pasaremos bien. Orain entzun, itzali argia, baina argia itzalita dagoen arren, ez kezkatu ezer- ezerrez, ni hemen zuekin nagoelako, bihar egun berri bat eta desberdina bat izango zen eta asko jolastuko eta ondo pasatuko dugu. Baina orain lotara, pero ahora a dormir. Hasta mañanita a descansarrrrrr!). Es muy importante para ellos sentir que estamos ahí mientras duermen, que hacemos noche en el mismo espacio o edificio para que nos escuchen y para escucharles  e ir con ellos si necesitan de nuestra presencia. Nuestros perros se sienten agusto y seguros porque formamos todos una familia.

Basajaun con sus cuidadores hace 10 años

Somos cuidadores caninos, haya un perro o haya treinta, y realizamos este mismo trabajo en ambas situaciones con la diferencia de que a menor número de perros mayor número  de salidas, permaneciendo así tanto nosotros como los perros siempre activos, que se sientan acogidos y que alternen esos periodos de actividad con otros de reposo.

Ahora bien, en un último apunte, si bien la rutina es buena para la adaptación, también es cierto que demasiada rutina produce aburrimiento si el perro ya está muy adaptado, por tanto a veces es preciso también saltársela y hacer cosas distintas, como no pasear sino estar con nosotros simplemente fuera (o dentro) en grupo interaccionando, mientras leemos un libro o charlamos, o jugar con ellos y disfrutarles (una buena manera también de romper dinámicas negativas y “cambiar el chip”.)

 

Manejo de los perros.

Tan importante o más que lograr la vinculación y la adaptación es el manejo de los perros durante el trabajo en la residencia. Y con esto somos especialmente minuciosos porque es nuestro modus operandi.

Muchos clientes cuando vienen a dejarnos  a sus perros nos instigan a que les adoctrinemos, a que “les pongamos firmes”,  a que les “metamos en domo” o les adiestremos. Un rotundo NO. En primer lugar el perro viene aquí a pasárselo bien o lo mejor posible, a ser perro, a explorar, y a relacionarse. Durante su estancia educamos pero sin educar, siendo más que guías, acompañantes, desarrollando la prevención canina, sin etiquetas de dominante, sumiso, agresivo, sin líderes, sin premios ni castigos, sin disciplina, porque manejo no es sometimiento, es acompañamiento sin apenas intervenciones, sin gritos, sin enfados, para que el venir aquí sea toda una terapia. Manejo respetuoso es acompañar en la comprensión de sus necesidades, en el respeto mutuo y en el vínculo igualitario hacia un ser social y comunicativo, sin exigencias, sin control excesivo, sin conductismo, permitiendo sus errores para que aprenda naturalmente de ellos, sin correcciones que desarrollen el miedo, manteniendo la calma, ignorando sus conductas que nos desagradan e intentando no reforzarlas con nuestras acciones de atención. Y así con vínculo, con su propio lenguaje, con afecto, con apego y cariño, con contacto físico y con socialización, el estrés, la ansiedad y la desconfianza se desmoronan, y los miedos y las reactividades de desvanecen.

Y para lograrlo el cuidador canino requiere de un conocimiento profundo del lenguaje canino, para ser anticipativo y resolutivo, para no hacerles sentir amenazados, para no inhibir las señales de calma de su lenguaje natural, y para saber interpretar los niveles de estrés desde el abordaje de la prevención canina, como en los cachorros.

Por eso cuidamos especialmente la formación de los nuevos cuidadores, donde el manejo es aprendido de forma meticulosa asistiendo a uno de nuestros talleres de educación canina, (entre los que recomendamos encarecidamente el taller de Niños y perros), siendo esto una condición sine quanum para poder antes trabajar aquí, además de recibir la impartición de las siguientes materias:

  • Trabajo de la mañana.
  • Trabajo de la tarde.
  • Prácticas del trabajo de la mañana.
  • Prácticas del trabajo de la tarde.
  • Teoría de la práctica.
  • Gestión de la atención al cliente.
  • Gestión de los contratos.
  • Gestión de la limpieza.
  • Gestión de los baños.
  • Control y Manejo.

Uno de estos cuidadores nuevos una vez nos sugirió que cuando los perros se metían solos otra vez de vuelta a su chenil no había que decirles “muy bien” sino “gracias”. Los perros tienen mucho entendimiento y a su manera son muy agradecidos. Porque en definitiva, como dice Amaia Larrea, para entender a un perro hay que dejar de pensar como un humano.

 

Paseos en grupo.

Y por último el tercer aspecto o actuación que nos caracteriza es el de los paseos en grupo. Algunas residencias caninas sacan a los perros a pasear solos y de la correa, mientras que otras no solo los sacan a todos a la vez sino que están y duermen todos juntos. Nosotros nos reconocemos en el punto medio de estos dos extremos y los perros que descansan de manera individual salen en paseos en grupos en lo que denominamos grupos de afinidad.

Desde luego que lo más fácil y cómodo para los cuidadores caninos sería sacarles atados evitando así un montón de problemas de trabajo y de tiempo, sin embargo, ¿cubre esto las verdaderas necesidades de los perros? Nosotros creemos que el pilar fundamental de la felicidad y la madurez emocional del perro es la socialización, y lo anteponemos a otras cuestiones de índole laboral. Aislar a los perros del contacto con otros semejantes, sobre todo razas a las que nosotros mismos nos encargamos de predisponer, como razas grandes: pastores alemanes, boxers o de las discutiblemente llamadas PPP (perros potencialmente peligrosos), generará a la larga problemas de ansiedad, reactividad, miedos y agresividad que redundará al fin y al cabo en problemas nuestros de trabajo y tiempo.

Vale, hemos dicho que sacamos a los perros en grupo, sí, pero no de cualquier manera ni a lo loco. También aquí hay protocolos de actuación. Lo primero es que el perro tiene que estar preparado y para ello ha de estar tranquilo y adaptado en cuanto al lugar y a la vinculación. Y una vez que esté preparado y dispuesto (algunos se observa que empiezan ellos mismos a pedirlo) entonces les sacamos con nuestros perros. A nuestros perros les conocemos muy bien, sabemos sus aportaciones y limitaciones, sus grandes ventajas y “de qué pie cojean”.  Son perros muy sociables, que median si hay conflictos, que nos ayudan a formar grupos muy solidariamente siendo referentes para los demás perros. Introduciendo al perro nuevo con nuestros perros le valoramos cómo es socialmente. Dependiendo de cómo se comporte con ellos nos da pistas sobre su posible grupo de afinidad. Aunque a veces no es posible y hay que ir más despacio. Y aquí necesito hacer una mención especial a mis queridos compañeros Ori y Laino, un pastor vasco adoptado de la asociación Txikas de Etxauri y un mastín rescatado de la protectora de Etxauri que ya no están entre nosotros y que han sido los que realmente nos han enseñado. Ori era el mediador por excelencia, hasta tal punto llegaba su vinculación con los que venían que había perros que se escapaban de los paseos con sus padres de los pueblos de alrededor para venir a verle, como su pequeña colega Ohiu de Arbizu. Mientras que Laino era el experto en cachorros, le entusiasmaban, y les enseñaba códigos de límites. Valga esto aquí como un sentido homenaje para ellos que continúan estando en nuestros corazones y que a tantísimos perros hicieron su estancia aquí tan feliz. Ahora han tomado el relevo Nala la cocker que fue la dinamizadora en el trío, y  Foskito, que apareció aquí un día con sus otros tres hermanitos lanzados por encima del vallado y abandonados en una caja de cartón. Gracias, chicos. ¡Tantos han tenido la suerte de conoceros!

Los grupos de afinidad son grupos de perros que van desde los dos hasta los diez o doce como mucho en número en los que podemos incluir o a los tres, o a dos, o a ninguno de los nuestros y que no dependen ni del tamaño, ni del sexo, ni de la edad, ni de la raza, y mucho menos de cuestiones como la dominancia y la sumisión, sino solo de la afinidad. Es más, cuanto más diverso sea el grupo, mucho mejor. El objetivo es el divertido y educativo juego de la socialización, donde se le permite interaccionar libremente, olfatear, y explorar, y sobre todo, y esto hay que recalcarlo, el evitar que se puedan hacer daño entre sí (a parte de las inevitables y convenientes escaramuzas que hay y debe haber en todas las relaciones sociales). Y para ello es importante la planificación del grupo, el orden y las maneras de las presentaciones de los nuevos perros que se incorporan al grupo, y el análisis de dicho grupo para promover y propiciar siempre el equilibrio dentro de él, sabiendo intervenir en caso necesario. Evaluar y analizar un grupo es una de las cuestiones con más dificultad y eso no lo podemos ni delegar, ni contar, ni formar, sino que se aprende con la misma experiencia.

Al apuntar en nuestros libros cómo ha sido la estancia de cada perro, damos mucho valor también a anotar información sobre los miembros y las dinámicas del grupo. Es una gozada volver a sacarles con los mismos perros y observar cómo se reencuentran y recuerdan el vínculo. Con ello permitimos así que se puedan repetir coincidentes grupos permanentes con cierta intermitencia.

 

Y finalmente para poner el cierre a este artículo decir que a lo largo y tendido de todos estos diez años hemos recibido, como toda empresa de servicios, todo tipo de halagos y de críticas, los primeros ilusionantes pero los segundos no tanto sobre todo cuando crees estar dando lo mejor de ti. Algunas de estas críticas creemos que han sido razonables y de las cuales hemos aprendido porque el carácter crítico y constructivo es el que nos hace avanzar y mejorar. Pero otras en cambio creemos han sido atribuibles al desconocimiento de nuestra singular forma de trabajar. Esperamos que este artículo sirva para aclaraciones. En nuestra página web tenemos habilitada una sección dedicada a dudas, ideas, sugerencias, opiniones, y quejas, así como también se puede hacer uso del correo electrónico para este fin.

Acabamos este artículo enumerando algunas de las cuestiones que no se entienden de Basajaun.

Crítica 1. Los cuidadores al recibir a los clientes están descuidados y llenos de barro.

Respuesta.  El trabajo de cuidador canino requiere de una interacción directa con el perro y ello significa a veces mancharse si el terreno está mojado o embarrado. Salimos a recibir así porque luego el perro nos verá así. Los responsables que vienen con sus mejores galas se encargan enseguida de entenderlo poco después de pedirles que liberen a sus perros de la correa.

Crítica 2.  El aspecto del terreno con la hierba alta y sin cortar da imagen de abandono.

Respuesta.  Una hierba rasurada todo el año como un campo de golf no cabe duda que ofrece una imagen impecable a los clientes, pero desde Basajaun creemos que limitaría la exploración y la curiosidad que ofrecería un terreno más diverso y lleno de irregularidades para nuestros perros. No cortar nunca la hierba haría el terreno impracticable. Hacemos dos cortes estratégicos al año, uno a finales de mayo o principios de junio cuando la hierba está empezando a dar el estirón, adelantándonos con un corte a la aparición de las semillas de las gramíneas cuyas espigas podrían dañar a los perros introduciéndoseles en pies y piel. Luego a finales de junio hacemos otro corte para rasear hasta el suelo la ya por entonces exuberante hierba. A partir de ahí ralentiza su crecimiento.

Crítica 3.  Los cheniles están sucios.

Respuesta.  Una limpieza diaria y totalmente aséptica de los cheniles interferiría en el proceso de adaptación al lugar porque el sentido del olfato en los perros y sus asociaciones son una cuestión importante. La limpieza del chenil la realizamos de manera aséptica anteriormente a la llegada del perro con productos higiénicos y antiparasitarios. Pero posteriormente solo realizamos limpieza si hay deposiciones orgánicas de orina, heces, pelo, y en estancias que alcancen a la semana. Una cama o manta destrozada y hechas jirones no significa que el chenil esté sucio sino que cumple aquí su papel de asociación olfativa y de elemento antiestrés.

Crítica 4.  Las instalaciones están un poco anticuadas y vetustas.

Respuesta.  Todo lo hicimos nosotros mismos, con nuestras propias manos, con mucho amor y mucha ilusión.

Crítica 5. Entregan a los perros sin bañar.

Respuesta. Nunca bañamos a los perros sin el consentimiento de los responsables por problemas que se pudieran derivar del tipo alérgico o patológico. Pero ofrecemos siempre esa opción al recoger los datos informativos, y en casos de alergia aconsejamos traer su champú específico.

Crítica 6.  El camino de acceso al centro está impracticable para los coches, lleno de baches y charcos.

Respuesta.  Es cierto. Se trata de un viejo camino rural de tránsito de tractores cuyo arreglo no es competencia nuestra aunque nos afecta. No obstante continuamos intentando una solución para ello y mientras tanto disculpamos las molestias. Aunque se dice que los caminos más difíciles e intransitables en la vida son a veces los caminos más interesantes.

Crítica 7. ¿Es bueno revelar en este artículo todo nuestro trabajo por aquello de la competencia?

Respuesta. ¿Qué es mejor, que vengan los perros únicamente a nuestra residencia canina o abrir puertas y que se transmita nuestra forma de trabajar?

¿Qué es mejor, para el perro?

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