El comienzo de una nueva vida


Debido a las últimas crecientes demandas de información que nos están llegando acerca del tema de la adaptación de un perro recién adoptado a su nuevo hogar y a su nueva vida, decidimos rescatar aquí un fragmento de un anterior artículo para visualizarlo mejor y más rápido, y hacerlo más fácil y accesibles a todos.

Una pequeña guía para facilitar el proceso de adaptación.

 

  • Sería interesante primero organizarnos para podernos llevar al perro a casa posiblemente el fin de semana o mejor durante un puente largo, aunque lo más interesante sería hacerlo al inicio de un periodo de vacaciones (en el hogar claro, para evitarle más cambios). Se trata de no dejarlo solo durante largos periodos al principio.
  • Si traemos algún objeto con el olor de su “antiguo hogar” (albergue) le resultará mucho más fácil la adaptación.
  • Enseñarle el lugar donde dormirá, su sitio propio, pero no obligarle a ir o a permanecer en él. Es útil utilizar una colchoneta o cama especial para perros una vez que el perro la identifique. Debe estar en un área segura, un sitio confortable, tranquilo, sin corrientes ni humedades, donde dormir sin que le molesten.
  • Ser comprensivos durante unos días con problemas que podrían surgir como los de conducta higiénica desordenada y de conductas indeseadas. La capacidad de un perro para adaptarse es enorme y tras un tiempo prudencial y necesario todo se normaliza (el estrés del perro y el nerviosismo de los dueños) pero habrá que ser pacientes ante problemas que seguro surgirán, como ladridos, aullidos, conducta destructiva, carácter temeroso y distante, ensuciar la casa con sus necesidades, marcar con orina, etc. si esto nos provoca tensiones, broncas, ajetreo y nerviosismo también en el perro se producirán. Es necesario prever esto y reflexionar para no perder los nervios. Eso sí, deberemos mantener todos los objetos peligrosos o de valor lejos de sus alcance (productos de limpieza, como amoniacos y lejías, medicamentos, etc.).
  • Bajar el nivel de exigencia, dejándole tranquilo, sin molestarle ni pedirle nada, dejando que investigue. En un primer momento le mantendremos con correa y le permitiremos olisquear en todas las habitaciones, de este modo le evitaremos que se disparen sus niveles de excitabilidad ante tantas novedades. Luego, una vez que veamos que se ha tranquilizado, lo dejaremos suelto y restringiremos el acceso a aquellos lugares de la casa que no deseemos que entre si es el caso. En estos primeros momentos no es bueno que le avasallemos y arrinconemos, eso solo hace que se sienta amenazado e incrementaría su estrés y ansiedad. Prestaremos especial atención con los niños, no se trata de estar todo el día encima del recién llegado. Si tenemos otros perros en casa, le bajaremos a la calle para presentarlos en un área neutral. Si hay gatos u otros animales, no forzaremos el encuentro, será más conveniente darles tiempo para que se conozcan.
  • Le ofreceremos de manera gradual atención, cariño y estimulación mental. No es una buena opción los largos paseos ni el ejercicio intenso durante un tiempo. El perro necesita superar el estrés pasado y el de la adaptación al nuevo hogar. Hasta que no desaparezca el estrés no desarrollará todo su potencial de aprendizaje así que será mejor posponer cualquier sesión formal de adiestramiento. No tendremos prisa y comenzaremos dándole ese tiempo para que se asiente a su nuevo entorno con el objetivo de que esté más relajado, confiado y sin estrés. En estos primeros días (semanas) es contraproducente querer hacer demasiado y demasiado pronto, pues serían muchos estímulos nuevos y novedades para los que puede no estar todavía preparado.
  • Mucha compañía. Dedicar tiempo al perro, tanto en cuidados como en el número de horas invertidas. Resulta primordial que establezca un fuerte vínculo con la familia. Esto le resultará mucho más fácil a nuestro perro si es una persona de la familia la que inicialmente asume el protagonismo y la responsabilidad de las atenciones al perro (comidas, cepillado, salidas para hacer las necesidades, paseos con correa en las proximidades del domicilio). Luego una vez que el perro se ha asentado y está relajado podrán intervenir todos los miembros de la familia.
  • Establecer rutinas estables, paseos relajados, y trabajo de olisqueo, para rebajar el estrés. Los perros son animales de costumbres y que en su forma de vida, costumbres y hábitos, son bastante rutinarios. Deben acomodarse a circunstancias nuevas: cambio de persona, cambio de rutinas, y cambio de entornos. Debe conocer las rutinas de la familia y acoplarse a ellas para olvidar posibles experiencias negativas pasadas y para volver a confiar en los humanos. Mantendremos los horarios invariables tanto de salidas como de comidas. Realizar salidas regulares cada dos o tres horas durante el día permitiéndole suficientes oportunidades para que pueda salir a hacer sus necesidades. La correa será imprescindible en todas nuestras salidas. No lo soltaremos en espacios abiertos hasta que no tengamos la certeza de que nos reconoce y tiene asimilada una respuesta básica a la llamada, porque podría alejarse demasiado siguiendo a otros perros o a algún olor y podría llegar a perderse en ese entorno todavía desconocido para él. Por ese mismo motivo, conviene asegurarnos las primeras semanas de cerrar bien puertas y ventanas de la casa. Siempre tendrá agua fresca disponible a su alcance, al igual que su ración de comida (dos o tres veces al día) en el horario que establezcamos. Es interesante poder contar con la colaboración del propietario de algún perro conocido del nuestro pues con su compañía será más fácil introducirse entre los perros del nuevo vecindario.

 

  • Equilibrio entre cuando estamos con él y cuando le dejamos solo, para no crear una diferencia muy grande que le desestabilice emocionalmente. Si cuando estamos con él recibe muchas atenciones y todo está lleno de sonidos como utensilios de cocina o la televisión y cuando le dejamos solo únicamente recibe soledad y silencio, a lo mejor si le prestamos menos atención cuando estamos con él y le dejamos distracciones o la televisión puesta, a lo mejor la diferencia entre ambas situaciones se reduce y no parece tan abismal. Mordisquear y olisquear serán las mejores actividades para lograr que alivie su estrés y centre su atención en sus juguetes. Las primeras noches es posible que nuestro perro se muestre más inseguro. Podemos dejar la puerta de nuestra habitación abierta por si necesitase asegurarse de que no nos hemos marchado, pero no le tocaremos ni le diremos nada. También podemos permitirle dormir cerca de nuestra cama ya que somos lo único que él conoce en el nuevo y hostil entorno que le rodea. El aprendizaje para quedarse solo ha de ser gradual para lograr que lo acepte sin traumas. Su estado de estrés, por encontrarse en lugar nuevo, puede dispararse si además se siente solo y/o aislado. Tampoco tenemos que estar siempre encima siguiéndolo a todas partes.

 

  • En la primera semana llevaremos a nuestro perro al veterinario para realizar una presentación y abrir una ficha. En sucesivas visitas ya realizaremos un chequeo más exhaustivo, las desparasitaciones y las vacunaciones en caso de ser necesarias.

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