Y el tiempo no cura el dolor solo lo asusta 1


Desde el primer instante supiste que habías llegado a casa. Te aferraste a los hombros de tu nueva mamá con la fuerza de tus garras de 3 mesitos como si del último bote salvavidas se tratase. Detrás de ti quedaba la txuba-y-mitfurgoneta de transporte con la estrecha jaula llena de pis y caca de la que en ningún momento te habían sacada de tu largo viaje. Porque fue un largo viaje. Tus confiados pares te habían adquirido por internet tras ver un anuncio de una revista porque querían una Terranova sin conocer a lo que dedicaban en el lucrativo negocio de la cría y trata de perros desde Europa del Este y sin saber de los millones de perros que esperan en las perreras una oportunidad. Pero a pesar de todo aquí estabas, una atolondrada bolita de algodón negro con dos puntitos por ojos que eligió como su primera cama para dormitar su sueño de cachorra el montón de ropa sucia para la lavadora. Sí, porque esas dos cosas te caracterizaban al principio, una “guarrilla” y una dormilona, que recuerdo solías estar jugando y de repente te detenías y te tirabas al suelo quedándote completamente dormida. Y tu olor, ese olor a calcetín viejo por el que tanto te quise.

txubaplayaDesde el primer instante supimos que eras especial. Ya no sólo por ese halo misterioso y sorprendente que rodea a los de tu especie, si no porque además tu eras diferente, tenías entendimiento, pensabas, tus emociones se mostraban transparentes y eras además capaz de entender nuestras propias emociones. En pocas palabras, eras casi humana. Por ejemplo, ese mismo primer día que te sacamos al monte, descubriste la hojarasca del otoño, y de vuelta a casa te nos adelantaste y ante nuestro asombro te plantaste enfrente de nuestro portal. Como sabías que era ese y no todos los que había en el barrio, si era la primera vez?. Y no solo eso, si no que al abrirte la puerta subiste por las escaleras hasta encararte en la de nuestro piso ignorando las de abajo y las de arriba aún siendo iguales. Cómo lo sabías, si parecías tan torpona al andar, tan tontorrona con las novedades y no nos empezaste a mover la cola hasta pasadas unas semanas?.

Creciste muy rápido y contigo creció nuestro amor hacia ti. Contigo camino yo, contigo subo esta cuesta, contigo me duermo, contigo me río, contigo. Te llevábamos a todos los sitios. Eras nuestra hija. Morrito rosa te llamábamos, por el defecto en forma de mariposa en tu morro que dejaba translucir tu piel rosa. Te volviste vaga y un poco “tiquismiquis”, a todos los perros les gustan los charcos y tú los esquivabas. Excepto el mar, el charco grande, al que como buena terranova adorabas aunque lo que no te gustaba ya tanto era que lo adoraba yo, que no me dejabas zambullirme y me salvabas todo el rato pensando angustiada que me iba a ahogar. Tenía que esperar a que te durmieras después de revolcarte en la arena y ponerte como doña croqueta para salir despacito a bucear. Pero ahí estaban tus sentimientos. Un día se me murió un amigo. Al regresar a casa con el pecho encogido de no llorar tú te acercaste y al agacharme contigo me lamiste los ojos y entonces pude descargar.Gracias. Tu corazón es tu boca, no me avisas, me quita la pena. Mi morena, cosita buena.

Lo remontamos en el Cabo de Gata, un buen lugar para refugiarse del dolor de alguna perdida, entre dunas desérticas y el mar donde nos gustaba tanto estar entre humanos de piel y peces voladores. Un día te alejaste desde un promontorio porque viste a otro perro, yo te dejé ir, y cuando me di cuenta te habías metido en tu mar por las rocas y fuiste nadando hacia la playa. Yo regresé por el camino. Pero al llegar a la orilla te acordaste de mi y creyendo que me habías dejado allí te volviste a meter, cansada como estabas, hasta las mojadas y resbaladizas rocas donde de lejos te vi sufrir para remontarlas hasta que nos reencontramos arriba. Desde aquel día empezaste a cojear. De regreso a casa, parada, una parada más del viaje?no, ese monte, ese olor, el porta. ¡Inmensa alegría!, “los animales no tienen emociones”, todavía piensan algunos.

txubakaymitxelmarEl veterinario dijo que tenías displasia de cadera. Los perros grandes viven menos que los perros pequeño, los terranovas de 9 a 13 años, leímos, nos quedamos con la fecha grande. Con esa pena y problema seguimos algunos años, tratándote con protectores, poniéndote a dieta, y comprándonos traje de neopreno para intentar que nadaras en invierno para ejercitar aunque el que nadaba a fin de cuentas en las frías aguas era solo yo y tú me mirabas desde la orilla. Sorteaste una dilatación gástrica y una peligrosa piómetra con buen puerto y nos acompañaste en la aventura de la creación de Basajaun. Hasta que un día con 7 añitos te vimos empeorar, y valorándolo todo decidimos operarte, ponerte una prótesis de cadera. La operación era muy cara, pero eras nuestra querida hija, y elegimos a los mejores veterinarios. El día que te dejemos con ellos antes de doblar la última esquina de la sala de cirujía, te paraste y nos miraste. Y nos fuimos.

Ya en casa sonó el teléfono: tu perrita ha muerto

No puede ser, pero si estaba bien. La operación ha sido un éxito pero no ha resistido la anestesia. Le habéis puesto demasiada?, la habéis dejado sola y os habéis ido a comer?, se ha despertado y se ha asustado intentando quitarse el respirador, y ha muerto de angustia?.

Desgarro, infinito dolor.

Han pasado ya 5 años, no he vuelto a ir al Cabo de Gata, pero volveré cuando muera para mezclar mis cenizas con las de ella y nadar otra vez juntos en el Charco Grande.

Con éste pequeño homenaje íntimo y sincero a ese pequeño gran ser que ha sido y será siempre mi querida Txubaka, con la que hemos tenido la suerte de convivir un precioso tiempo de nuestras vidas, quiero dar comienzo y presentación a éste nuevo blog de la página web de la Residencia Canina Basajaun, en la que espero poder ir compartiendo diferentes aspectos relacionados con éstos increíbles animales que nos acompañan y de los que tanto nos queda por aprender y conocer. Gracias y un saludo.

Dedicado a ti, a Keska, a Ori y a cuantos otros perros a los que he tenido la suerte de conocer en mi trabajo y que ya no están.

 

 


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